Censurando la blogósfera

Miércoles, agosto 27, 2008

En las últimas horas me enteré de un par de cosas realmente preocupantes. En primer lugar, lo ocurrido en Taringa. El usuario Popocho posteó un video de Alfredo Enchastro De Angeli siendo entrevistado por el líder neonazi Alejandro Biondini. El video, según tengo entendido, fue eliminado del sitio y cuando Popocho volvió a postearlo, lo castigaron suspendiéndole la cuenta. Fue Polycarpo el que me avisó en este comentario. Esta no es la primera vez que los webmasters -ese es el término correcto, ¿no?- de Taringa censuran videos posteados allí. En octubre, como cuenta Diego F. acá, eliminaron un video que contenía una entrevista a CFK amparándose en una supuesta “veda”.

Es interesante este incidente porque justo ocurre pocos días después de la entrevista que concedió el blogger Pablo Carnaghi, administrador de La Barbarie y de Artepolítica, al periodista y también blogger Gerardo Fernández. En ella, Pablo advierte que si bien por ahora los blogs estamos volando “por debajo del radar” de los grandes multimedios, existe el riesgo de que con el tiempo haya intentos de restringir nuestras actividades e impedir nuestra llegada al público. Si bien hasta ahora los mayores intentos de censurar a la blogósfera han partido de gobiernos dictatoriales como el de China, las empresas privadas son igualmente capaces de actuar en nuestra contra. Hay que estar muy atentos. Para más datos, aconsejo leer esto.

Encontré esta interesantísima carta de lectores en la última edición de la revista Barcelona. Desgraciadamente la revista, que se publicó el viernes 15, llegó a Pergamino ¡recién ayer! Es increíble, considerando que estamos a menos de cuatro horas de viaje de Buenos Aires. ¿La traerán a lomo de burro?

Luego del conflicto con las entidades agropecuarias y la posterior derogación de la resolución 125, quedaron algunas cuestiones sin tratar. En primer lugar, la validez de la protesta. Es saludable que no se hayan encontrado fiscales ni policías ni periodistas de derecha remarcando que el corte de rutas impidió la libre circulación y que el desabastecimiento perjudicó a los consumidores; no deberíamos pensar, es de mala fe hacerlo, que eso se debió a que la protesta fue implementada por sectores agropecuarios y no por grupos piqueteros. Todo lo contrario: la causa justificaba la metodología. No se diferenciaron las protestas sociales. No. Eso nunca pasó. Nadie dijo que en un piquete estaban los trabajadores y en el otro los que van por el chori y la Coca (o el vino o un plan social). Nadie lo dijo, esta sociedad es desprejuiciada; todos saben que todos los piqueteros están con el Gobierno, que ninguno se opone, y que son vagos que sólo se mueven para obtener subsidios. Acá sólo trabajan los chacareros (que son una unidad coherente y sin contradicciones, claro está. Son todos pequeños productores, no existen los pools de siembra, las tierras están repartidas democráticamente; la concentración de las parcelas es un cuento chino, malo y previsible). Los piqueteros no participan de proyectos productivos (¿usted conoce alguno?). No, no, no. Ni por asomo: son todos iguales.

Segundo, es extraño que sectores afines al Gobierno remarcaran que no se reprimió; sería interesante recordar que el Gobierno actuó como lo hace con los piqueteros disidentes (sí, aunque no parezca, existe oposición y no la manejan los caceroleros de Capital Federal): mediante el procesamiento -mediante la acción judicial y la participación estelar de Gendarmería- de la protesta social. ¿Esa no es una forma de represión? Este detalle incómodo no apareció, por ejemplo, en las cartas de los intelectuales K. (La detención de De Angeli generó malestar social, mientras que las detenciones anteriores de piqueteros no alineados con el Gobierno no produjo marchas ni ruidos de cacerolas de teflón. ¿Piquete blanco y piquete negro? No. Es un acto de mala fe pensar en eso; en este conflicto nunca afloró ningún componente de clase ni existieron actos xenófobos o racistas. El vicepresidente de la Sociedad Rural, Biolcati, no deslegitimó ninguna manifestación oficialista por el color de sus integrantes. Nada de eso).

Tercero, el trabajo de las entidades agropecuarias. Es llamativo que los defensores de los pequeños productores, la Sociedad Rural, la CRA y Coninagro, no hayan remarcado la concentración de tierras en manos de una pequeña cantidad de productores. Que tampoco hayan alertado sobre la sojización y una de sus peores consecuencias: la pérdida de la soberanía alimentaria. Que tampoco hayan denunciado que comunidades originarias fueron expulsadas de sus tierras para sembrar soja. Que tampoco hayan manifestado su preocupación por el empleo en negro y la precarización laboral de los peones rurales. Esos son detalles menores; el problema era la alícuota, que era excesiva. Incluso en los casos de subfacturación y de ventas no declaradas. Detalles, sólo detalles. (Me encantaría saber si esas nimiedades están dentro de lo que De Angeli denomina “plan agropecuario nacional” -o como lo llame-. Si es así, ¿lo ovacionarán golpeando las cacerolas de teflón en el Obelisco? Si ocurre, el progresismo de la Ciudad de Buenos Aires, con Macri a la cabeza, va a estar de fiesta: la clase media y alta porteñas pasarían de ser una cuna de gorilas -prejuicio peronista montonero, claro está- a una cuna de revolucionarios luchadores por la justicia social; estarían a tono con el gobierno de las transformaciones profundas). Por otra parte, y ya que apareció el omnipresente don Alfredo, digamos que Buzzi y la Federación Agraria (la otra entidad agropecuaria) tuvieron una pequeña lección: para la próxima ocasión, deberían revisar el sistema de alianzas. El resto de la mesa de enlace no reclama las compensaciones por las pérdidas con la derogación de la resolución; este detalle menor no les interesa a los defensores de los pequeños productores. No obstante, es un acto de mala fe pensar que a la SR, la CRA y a Coninagro sólo le preocupaba sostener -o aumentar- la tasa de ganancia, sobre todo en un contexto internacional que no favorece a los productores que cuentan con los recursos para producir. (Un detalle de poca importancia: los precios de los granos -y las commodities– aumentan año a año. La rentabilidad -sí, el dato lo confirma- viene en picada ¿O no es así?).

Cuarto, el papel de la izquierda, que nunca termina siendo funcional a la derecha. ¿Cómo? ¿No es así? ¿De qué hablan, qué dicen, que no se le dio pelota a las medidas propuestas por los zurdos? No parece, ni por asomo; lindo apoyo se ganaron los gorilas… como siempre (una breve recapitulación tendenciosa: Isabel y el PCR, Menem y el PCR, etc.) Si no es así, si estamos en los umbrales de una reforma agraria profunda (¿qué ejemplos tomamos para armar la base programática: el de México, el de Bolivia en 1952 o el de Gelbard), pido disculpas por el error de lectura. Y valoro el papel de los sectores progresistas -encabezados por Carrió y Patricia Bullrich, quien siempre defendió, sobre todo durante la presidencia de De la Rúa, a los trabajadores y a los jubilados- de Palermo y Recoleta y de eminentes figuras democráticas como Cecilia Pando y compañía. Si es así, me rectificaré en breve.

Quinto, el estado de la redistribución del ingreso. Es loable la facilidad que tiene [¿el Gobierno?] para detectar los problemas a su debido tiempo. Greenpeace alertó hace más de dos años los deterioros ambientales que produce la soja; el Gobierno ya percibió el problema y, ahora, actúa para evitarlo (le tomó sólo 24 meses, seamos indulgentes). El economista Claudio Lozano señaló el año pasado que la brecha entre ricos y pobres, durante el gobierno de Kirchner, aumentó siete veces; el Gobierno ya percibió el problema y, ahora, actúa para evitarlo (le tomó sólo 58 meses, seamos indulgentes). Asimismo, es de mala fe pensar que este detalle incómodo (la regresión del reparto de la riqueza en un país en crecimiento) haya producido que el Gobierno dejara de aportar estas estadísticas. Es evidente que viene creciendo, desde hace cinco años, la participación de los trabajadores en la redistribución del ingreso; ¿para qué mostrarlo con estadísticas? ¿el proceso no es visible?

Otro detalle del gobierno de la justicia social progresiva, de la coparticipación federal y del aumento de los presupuestos (no son magros, es de mala fe pensar así) de Salud y Educación: en un contexto de inflación creciente, mantiene el sistema impositivo (regresivo) intacto e intenta, con Moreno a la cabeza, una política de control de precios que no funciona. Deberíamos suponer que no tiene en cuenta que los salarios de un albañil y el de Miguens son desiguales; sin embargo, pagan los impuestos como si ganaran lo mismo. Conclusión: aunque Cristina Fernández, tal vez sin quererlo, reconoció el problema, no aparece en la agenda pública un cambio del sistema impositivo (uno basado en la ganancia y no en el consumo). Otra joyita: para las retenciones, el Gobierno implementó la misma lógica regresiva; todos deberían pagar el mismo porcentaje, como si un pequeño chacarero tuviera los recursos con los que cuenta, por ejemplo, el grupo Grobocopatel. El lema podría haber sido: sí a las retenciones móviles, no a las retenciones diferenciadas y progresivas. (Nota seria: el concepto de retenciones móviles es válido, puesto que aumentarían en la medida que los precios internacionales -como, efectivamente, ocurre en estos días- subieran, y bajarían en la medida que los precios retrocedieran. Que sean diferenciadas y progresivas haría que paguen más los que más ganan; pero el Gobierno consideró que los productores estaban en condiciones de igualdad. Es evidente que no es así. Y es evidente que los protectores de los sectores más concentrados -Miguens, Llambías, por citar a los más mediáticos- tuvieron legitimidad amparándose en las protestas de los pequeños productores, los verdaderos perjudicados).

Un último detalle: parafraseando a una mediocre revista, ¿la construcción de hospitales y viviendas va a estar superditada al precio de la soja? ¿Y los demás ingresos del Estado? ¿Y lo recaudado de las retenciones a la minería y al petróleo? ¿Conclusión de todo esto? Una sola: nada nuevo bajo el sol. Otra vez.

Nicolás Alejandro Miguez (no Miguens)
Desde la cuna de la revolución, Chascomús; de vacaciones, claro.

Las segundas partes nunca son buenas

Lunes, agosto 18, 2008

Eso lo sabemos los cinéfilos, pero también deberían saberlo los políticos. La frase de Marx sobre la tragedia que se repite como farsa no era más que una forma más elegante de decirlo. El “campo” vuelve a las rutas creyendo que puede retomar el ritmo de su “épica” lucha de marzo-julio contra la resolución 125. Pero hay un pequeño problema: para la “gente”, ya ganaron. La “gente” (el votante/consumidor de clase media “ilustrada”) entendía su planteo durante el primer lock out porque era tan sencillo y chato como la verba de Enchastro De Angeli: “44% de retenciones es mucho, volvamos al 10 de marzo”. La resolución 125 ha muerto gracias a la traición del Cleto, ahora necesitan encontrar un enemigo tangible. En la ocasión anterior el gobierno quedaba como el agresor, como el que había castigado a los pobres chacareros subiéndoles las retenciones. Ahora es el “campo” el que es indiscutiblemente el agresor.

Una pregunta interesante que podríamos hacernos es esta: ¿por qué en la tapa de Clarín -diario capaz de interpretar mejor que nadie el estado de animo de la clase media “ilustrada”- de hoy no hay ni una sola palabra sobre el reverdecer del conflicto sojero? ¿Por qué le dedicaron más espacio a una de las pocas iniciativas indiscutiblemente positivas tomadas por el gobierno de los Kirchner en estos días que a las actividades de un grupo de dirigentes que antes seguían a sol y sombra?

La entrevista es larga, pero vale la pena verla entera. Por cierto, quiero agradecer a Caribe por postear el link en su blog.

That’s it?

Jueves, julio 17, 2008

Muchas gracias Chaco, muchas gracias, gracias por estar aquí, en esta noche tan chaqueña, impresionante el calor y agradecerles a estos dos gobernadores: Jorge Capitanich y Gildo Insfrán todo su acompañamiento.

Y quiero decirles algo, muy chiquito, por favor, agradecerle la presencia de todos ustedes, aquí, hoy, esta noche, como siempre lo hemos hecho, mirarnos a los ojos, fundamentalmente hombres y mujeres del pueblo y saber, al mirarnos a los ojos, que nunca nos hemos traicionado, que siempre hemos elegido un camino que es irrenunciable y que es fundamentalmente representar los intereses de los que menos tienen, volver a ser una correa de transmisión entre los distintos sectores de la sociedad para volver a construir una Argentina más integrada, con más inclusión social, con menos pobreza, con más salud.

Para hacer esta Argentina, muchas veces, hay que tocar intereses, porque la distribución del ingreso, los pobres no pueden ser solamente un discurso electoral, tienen que ser esencialmente un compromiso en la gestión de Gobierno. Y por eso, quiero decirles algo, escúchenme un minuto nada más, a mi me encanta escuchar la marcha, saben que soy militante peronista de toda la vida, pero quiero también decirles algo, en esta tarea de representar los intereses, que toda la vida nos movilizaron a nosotros, de nuestro ideario, de nuestra doctrina, no solamente estamos nosotros, también me han acompañado otros que pertenecen a otros partidos y han decepcionado algunos que pertenecen al nuestro, pero lo importante, amigos y amigas, es comprobar que distintos argentinos, con distintas historias, con distintas identidades, son capaces de unirse tras un proyecto común y caminar juntos.

De los que, tal vez, no hayan entendido lo que le habíamos dicho a la gente, allá por octubre, bueno, alguna vez entenderán porque algunos tardan más en entender las cosas. Esperémoslos que a lo mejor algún día se dan cuenta.

Gracias, Chaco, gracias, muchas gracias a todos por tanto fervor y tanto cariño, gracias, gracias, Chaco. (APLAUSOS)

Si hay algo que me resulta especialmente irritante de la oratoria de la presidenta CFK es, aparte de su abuso del “tal vez”, el hecho de ser tan vaga en algunos momentos importantes. El país esperaba que ella hablase con toda claridad de lo que sucedió hoy en el Senado. Para mostrarse conforme, para redoblar la apuesta, para elogiar o putear al Cleto Cobos. Pero bien clarito. Tan clarito como “piquetes de la abundancia” o como la comparación de los agrogarcas y los carapintadas de 1987, por poner un ejemplo. Polémico pero claro. Nada de mensajes entre líneas. La presidenta es una gran oradora, pero cuando habla así prefiero los discursos del primer caballero.

La inevitable traición del Cleto

Jueves, julio 17, 2008

Ojalá me hubiera equivocado cuando adelanté esto. Pero no, pasó tal y como esperaba. Insisto en lo que postulé en ese post: hay que elegir hombres de paja, no laderos que te aporten votos y te cagan cuando llegan al poder.

Buzzi no es un traidor

Sábado, julio 12, 2008

Eduardo “hemos-demostrado-que-se-puede-desabastecer” Buzzi es el representante más cabal de los miembros de la Federación Agraria actual. Que se parece muy poco a la Federación Agraria de la década de 1990, y que ya no tiene nada de la de la década de 1910. Buzzi es apenas un exponente de la clase de personas que componen la Federación Agraria hoy en día: una nueva clase media-alta surgida al calor del boom de la soja. Hombres y mujeres que, poseyendo 100, 150, 200 o 300 hectáreas de soja, han logrado convertirse en el equivalente rural de los dueños de PYMEs. Empresarios del campo que defienden sus intereses corporativos con tanta ferocidad como los empresarios “urbanos”, aunque tal vez con peores modales. Nouveau riche en comparación con la de los integrantes de CRA o la “fundacional” SRA, pero riche al fin y al cabo. Lo cual es perfectamente legítimo, pero no coincide con la imágen de “campesinos” a los que “hay que dejar en paz” que nos quieren vender los medios.

No sé por qué se me dio por escribir estas líneas tan erráticas. Es apenas una reflexión que me surgió tras leer la noticia de que un grupo de adolescentes había increpado a Buzzi al grito de “vos sos un traidor”. ¿Traidor a quién?