La ¿maldición? de los gobernadores bonaerenses

Miércoles, agosto 8, 2007

Gobernar la provincia de Buenos Aires, en la Argentina, significa estar al frente de uno de los pocos distritos que superan el millón de habitantes. Por lo tanto no es extraño que tantos gobernadores bonaerenses se hayan considerado a sí mismos presidenciables desde el momento en que asumieron el cargo. No obstante, ninguno de ellos logró ser elegido presidente, y además hubo muchísimos casos de gobernadores que no alcanzaron a concluir sus mandatos, lo cual hace que muchos piensen que hay una maldición que pesa sobre el cargo.
Hay dos aparentes excepciones a la maldición: Bartolomé Mitre y Eduardo Duhalde. Mitre fue presidente en 1862 y Duhalde en 2002, pero ninguno surgió de elecciones propiamente dichas: Mitre ganó la guerra civil contra Urquiza y el gobierno de la Confederación y se hizo elegir presidente apoyado por su ejército; Duhalde fue designado presidente por la Asamblea Legislativa cuando se produjo la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá. Un detalle interesante es que el propio Duhalde creía en la maldición, e hizo que un brujo llamado Manuel Salazar “exorcizase” la Casa Rosada en junio de 2002. En 1999, cuando se postuló a la presidencia, también hizo que Salazar practicase un ritual similar, pero el resultado no fue el mismo. Ya hablaré de eso más abajo.
Se dice que la maldición se remonta a principios de la década de 1880. Julio Roca había debido aplastar una sublevación del gobernador bonaerense Carlos Tejedor para poder asumir la presidencia, y el nuevo gobernador Dardo Rocha no ocultaba sus planes de suceder a Roca en 1886. El presidente, dice la leyenda, hizo que una bruja maldijese a Rocha para que no pudiese ser presidente jamás, y que esa maldición se extendió a todos sus sucesores. La maldición funcionó, y la candidatura de Rocha naufragó antes de ser proclamada.
Bernardo de Irigoyen (gobernador en 1898-1902) no fue víctima de la maldición, pues cuando terminó su mandato no quiso ser presidente, pero había sido candidato a la Primera Magistratura en 1886 y 1892 y había sido vencido, de modo que podría decirse que la maldición lo afectó a la inversa.
Marcelino Ugarte (1902-1906) quiso ser presidente en las elecciones de 1904, pero Julio Roca decidió convocar a la famosa “Convención de Notables” para designar a quien sería el candidato presidencial del oficialismo, y Ugarte debió postergar sus ambiciones. En 1910 Ugarte también quiso ser candidato presidencial, pero José Figueroa Alcorta optó por Roque Saenz Peña (en aquellos años en los que el fraude electoral era cosa de todos los días, los presidentes directamente designaban a sus sucesores a dedo). Y en 1912 Saenz Peña sancionó la ley que lleva su nombre y que garantizaba la limpieza de los comicios, lo cual le cerró definitivamente la entrada a la Casa Rosada a Ugarte. Logró ser elegido gobernador nuevamente en 1914, pero la provincia de Buenos Aires fue intervenida por Hipólito Yrigoyen en 1917.
José Camilo Crotto, elegido gobernador en 1918, se destacaba por su larga trayectoria de militante en el radicalismo yrigoyenista, pero apenas se convirtió en gobernador se fue diferenciando cada vez más del presidente; por ejemplo, reaccionando en forma adversa a la Reforma Universitaria -mientras que Yrigoyen la apoyó con bastante entusiasmo- y apoyando abiertamente a los aliados en la Primera Guerra Mundial -mientras que Yrigoyen había mantenido tenazmente la neutralidad argentina en el conflicto. Esto seguramente se debía al deseo de ser presidente en 1922, cuando expirase el mandato de Yrigoyen. El entonces poderoso radicalismo bonaerense, leal a Yrigoyen, le retiró su apoyo y lo forzó a renunciar en 1921, tras lo cual Crotto pasó a militar en las filas del radicalismo antipersonalista (léase antiyrigoyenista).
Manuel Fresco (1936-1940), aspiraba a ser presidente en 1938, pero Agustín Justo eligió a Roberto Ortiz como sucesor (hay que recordar que en ese entonces se había reimplantado el fraude electoral). Rodolfo Moreno, elegido gobernador en 1942, quiso que Ramón Castillo lo nombrase candidato oficialista para las elecciones de 1944, pero Castillo optó por Robustiano Patrón Costa. De poco le hubiera servido ser el candidato, pues en 1943 un golpe militar derrocó a Castillo, de modo que nunca se celebraron elecciones en 1944.
Domingo Mercante (1946-1952), era uno de los dirigentes históricos del justicialismo, y había acompañado a Perón desde 1945 o antes. Por eso esperaba que, cuando su mandato venciese en 1952, Perón lo proclamase candidato presidencial. No obstante, el peronismo logró reformar la constitución en 1949, permitiéndole al General ser reelecto en 1952. Mercante, visto con mucha desconfianza por Perón y Evita, fue forzado a renunciar.
Oscar Alende fue gobernador entre 1958 y 1962. Luego fue candidato presidencial en 1963, 1973, 1983, y fue derrotado en las tres ocasiones. Su Partido Intransigente logró un respetable caudal electoral en la década de 1980 y principios de la de 1990, pero la muerte de Alende en 1996 hizo que prácticamente se disolviera.
Antonio Cafiero (1987-1991) soñaba con suceder a Raúl Alfonsín como presidente en 1989, pero una torpeza suya en 1987 le costó probablemente la elección: ofreció a Eduardo Duhalde la candidatura a vicegobernador, y él aceptó. Pero luego Cafiero cambió de parecer y le pidió al entonces intendente de Lomas de Zamora que encabezase la lista de candidatos a diputados nacionales por la provincia. Duhalde aceptó. Pero Cafiero volvió a cambiar de idea y le pidió que ocupase el segundo puesto de la lista. Duhalde aceptó, pero juró a sus íntimos destruir a Cafiero (de hecho, las palabras que usó fueron “mandarlo a un geriátrico”). Y cumplió: en las elecciones internas de 1988 Duhalde fue precandidato a vicepresidente junto a Carlos Menem, aportándole numerosos votos bonaerenses y permitiéndole vencer a la fórmula Cafiero-José De la Sota y convertirse en candidato del PJ a la presidencia en 1989. Después de la derrota, Cafiero se dedicó a buscar la reforma de la constitución provincial, para poder ser reelecto en 1991 y, seguramente, tener una base para candidatearse a presidente en 1995, al concluir el mandato de Menem. Pero Menem y Duhalde frustraron sus planes y lo forzaron a contentarse con entrar al Congreso, donde estuvo hasta el 2005, si no me equivoco.
Duhalde fue quién sucedió a Cafiero en 1991, y él también deseaba ser presidente en 1995, pero sus planes también se vieron frustrados cuando Menem consiguió reformar la constitución nacional y ser reelecto para un segundo mandato. Duhalde entonces imitó al presidente y reformó la constitución provincial para poder ser reelecto (según las malas lenguas consiguió que se aprobase la reelección sobornando a los convencionales constituyentes del MODIN, el partido de Aldo Rico). Su plan era suceder a Menem en 1999, y cuando Menem dio muestras de querer buscar un tercer mandato, Duhalde se le opuso tenazmente y logró obligarlo a abandonar sus planes. El gobernador pudo ser candidato del PJ en 1999, pero fue vencido por la entonces ascendente Alianza, que llevaba a Fernando De la Rúa como candidato a presidente.
Carlos Ruckauf (1999-2002) aspiraba muy abiertamente a ser presidente en el 2003, y toda su acción de gobierno en la provincia estuvo encaminada a ese objetivo; de hecho, el gobernador se ocupaba de sus tareas de Estado desde una elegante oficina en la Ciudad de Buenos Aires en vez de en la Casa de Gobierno en La Plata. No obstante, su decisión de pagar a los empleados públicos de la provincia en bonos (los famosos y hoy olvidados “patacones”) y su posible participación como instigador de los saqueos que produjeron la caída de De la Rúa en 2001, al igual que su actitud de obstruir el accionar del gobierno nacional en general, causaron que su imagen pública cayese tanto en las encuestas que cuando Duhalde fue nombrado presidente en enero del 2002, le pidió un cargo desesperadamente (parece que llegó a decir que estaba dispuesto a trabajar para el gobierno “hasta de granadero”). Duhalde lo nombró canciller, y en el 2003 fue elegido diputado. Como tantos otros, cuando se produjo el enfrentamiento entre Duhalde y Néstor Kirchner en el 2005, él se alineó primero con el bando duhaldista y luego con el kirchnerista. No ha vuelto a manifestar deseos de ser presidente.
En cuanto a Felipe Solá, nunca parece haber tenido ambiciones de ocupar la presidencia, pero sí tenía planes de proyección nacional que le fueron frustrados. En primer lugar, quiso forzar una interpretación de la constitución provincial que le permitiese ser reelecto éste año. No obstante, recibió una orden del presidente Kirchner de abandonar su planteo judicial, y debió desistir. Luego operó para ser candidato a vicepresidente, y hubiese tenido buenas chances si Kirchner se hubiese presentado a la reelección, pero como sabemos el presidente decidió que la candidata sería CFK. Y la hipotética fórmula de CFK-Solá rompería la tradición que se remonta a 1862, de tener en la presidencia y en la vicepresidencia a un porteño o bonaerense y a un provinciano, al ser tanto él como ella bonaerenses. Ahora se sabe que Solá encabezará la lista de candidatos a diputados nacionales por la provincia, y se cree que cuando sea elegido lo nombrarán presidente de la Cámara de Diputados, como premio consuelo.
Supongo que Daniel Scioli y todos los que quieren que, al terminar su período en la gobernación bonaerense, sea candidato presidencial deberían tomar en cuenta los derroteros de sus antecesores.
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