Claudio y Mesalina (2ª parte)

Martes, julio 10, 2007

Lo primero que hizo el nuevo emperador fue cambiar su nombre. Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico pasó a llamarse Tiberio Claudio César Augusto Germánico. Fue así el primer emperador que adoptó el cognomen de “César” sin pertenecer formalmente a la familia Julia. Claudio afirmó tener derecho al sobrenombre por ser nieto de Octavia, hermana de Augusto, y a través de ella, tataranieto de Julia, hermana del dictador Julio César. En cuanto al sobrenombre de “Augusto”, lo adoptó porque ya era considerado uno de los títulos que todos los emperadores debían llevar. Conservó el cognomen de “Germánico” para resaltar el hecho de ser hermano del popular Germánico, y además casi siempre ponía entre sus títulos en los documentos públicos “filius Drusi” (“hijo de Druso”) para destacar su carácter de hijo del hermano de Tiberio, igualmente popular.

Claudio también estableció festivales en honor a su padre y su madre -a la que devolvió todos los títulos que le había quitado Calígula-, y de su abuelo materno Marco Antonio. También tomó la sorpresiva medida de hacer deificar, a 12 años de su fallecimiento, a su abuela Livia, poniéndola en el mismo rango que su difunto y también deificado esposo Augusto en el Panteón romano; se estableció que en lo sucesivo todos los hombres romanos que prestasen juramento por uno u otro motivo lo harían por el dios Augusto, y las mujeres, por la flamante diosa Livia. Y, por supuesto, abolió discretamente los cultos a Calígula y a Drusila-Pantea.

El reinado de Claudio se vio marcado por la mayor expansión de los límites del Imperio que se hubiera visto desde tiempos de Augusto. Se completó la conquista de Mauritania, que había comenzado bajo Calígula, y se anexaron por diferentes motivos Tracia, Nórica, Panfilia, Licia y Judea. Pero lo más importante de todo fue Britania. En el 43 Claudio envió al general Aulo Plaucio con cuatro legiones para conquistar la isla; tras las primeras batallas, el propio Claudio fue a Britania con refuerzos (entre los que había elefantes de guerra, que causaron gran sorpresa entre los britanos), y participó de la toma de la ciudad de Camulodunum (la actual Colchester), capital de la tribu de los catuvelaunos, los principales enemigos de los romanos en la isla. La ciudad (que más bien puede ser calificada como gran aldea) fue rebautizada Colonia Claudia Victricensis en el 49. Luego Claudio abandonó la isla, habiendo pasado en ella apenas 16 días, y fue premiado por el Senado con un Triunfo. La guerra, no obstante, continuó hasta que el rey de los catuvelaunos, Caractato, fue capturado en el 50. Pese a que la costumbre romana era estrangular a los reyes vencidos y arrojarlos a una cloaca, Claudio decidió ser clemente con Caractato, permitiéndole vivir el resto de su vida en Italia con su familia.

Claudio ordenó realizar sólo tres obras públicas, pero las tres fueron de gran importancia. En primer lugar, construyó dos nuevos acueductos, el Agua Claudia -iniciado por Calígula- y el Nuevo Anio, y restauró un tercero, el Agua Virgo. Construyó un nuevo puerto al norte de Ostia, que permitió a los romanos recibir cargamentos de grano en invierno. También intentó desecar el lago Fucino, pero un mal cálculo de sus ingenieros frustró el plan. El lago recién fue drenado en el siglo XIX.

El emperador realizó varias reformas religiosas, orientadas hacia la restauración de viejas costumbres y festivales abandonados durante las guerras civiles. Expulsó a los astrólogos extranjeros de Roma, para promover a los tradicionales arúspices. También expulsó a los judíos y cristianos de la ciudad, y persiguió con dureza al druidismo en la Galia. Intentó trasladar a Roma los Misterios eleusinos, pero aparentemente los oráculos de Grecia se pronunciaron en contra y debió abandonar la idea.

Otra de las contribuciones de Claudio fue añadirle tres nuevas letras al alfabeto latino. Éstas letras eran una “C” revertida para reemplazar a “PS” y “BS” en la escritura, una “F” invertida para representar la “U consonante” -las actuales “V” y “W”-, y una “H” partida para representar a la letra griega “Ypsilon” (la actual “Y”), que no tenía equivalente en el alfabeto latino. El emperador seguramente se inspiró en su antepasado Appio Claudio el Ciego, que introdujo la letra “R”. Claudio también intentó reintroducir la vieja práctica de escribir separando las palabras con puntos en vez de con espacios en blanco.

Claudio era un auténtico erudito, y no podía evitar hacer digresiones en sus discursos e incluso en los documentos oficiales sobre distintos temas, rozando la pedantería. Así, por ejemplo, en uno de los dos discursos suyos que se conservan, en el que defendía la concesión de la ciudadanía a los galos, expuso ante el Senado su teoría sobre los orígenes de Servio Tulio, sexto rey de Roma.

No obstante, el costado más oscuro del reinado de Claudio estaba en su esposa, Valeria Mesalina, de la que hablaré en la tercera y última parte.

La historia continúa en la tercera parte.

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