En mi reciente parcial de Antropología, me hicieron estudiar un fragmento del libro Bueno para comer, del antropólogo -para mí- funcionalista Marvin Harris. En él, Harris analiza el por qué algunos alimentos son aceptados por determinadas sociedades y rechazados con asco por otras, y dedica un capítulo a las vacas sagradas de la India. Harris afirma a lo largo de su libro que la aceptación y el rechazo no están vinculados a cuestiones culturales sino a la relación de costos y beneficios económicos y nutricionales que presentan para cada sociedad. A continuación trascribo un pequeño resumen que hice yo sobre su original teoría sobre las vacas sagradas indias (la observación sobre el mito de Caronte es mía, no de Harris).

El carácter sagrado de vacas y toros se vincula en la teología hindú con la creencia en la trasmigración de almas. A sus ojos, todas las criaturas son almas que han ascendido o descendido en el camino hacia el Nirvana. Hacen falta 86 trasmigraciones para pasar de la forma más baja, el demonio, a la vaca, y una más para que el alma pase a ser humana. Pero el alma puede retroceder, y la de un ser humano que mate a una vaca o un toro es rebajada al status de demonio. Además, los hindúes afirman que en cada vaca o toro moran 330 millones de dioses. También hay recompensas para quién preste servicio y culto a una vaca, pues él mismo y 21 generaciones de sus descendientes irán al Nirvana.
Otra creencia es que los muertos deben atravesar a nado un río para llegar al otro mundo, y que pagando limosnas a los templos para la alimentación de las vacas, los deudos le compran al finado el derecho a ser ayudado por una vaca a cruzar el río. Esta creencia es muy similar a la de griegos y romanos, que creían que los muertos debían cruzar el río Estigia para llegar al Hades y que colocaban en sus ojos y/o bocas monedas para que le pagasen al botero Caronte para que los llevase al otro lado. Por ese mismo motivo, muchos hindúes solicitan en su lecho de muerte que se les permita aferrarse al rabo de una vaca.
Marvin Harris afirma que los orígenes históricos del mito de la vaca sagrada están en las costumbres de los vedas, pueblo que dominó el sur de la India entre el siglo XIX y el siglo IX a. C. Entre los vedas ya existía el sistema de castas, y había cuatro: los brahmanes (sacerdotes), los chatrias (jefes militares y políticos), los vaisias (comerciantes) y los sudras (criados). Los vedas tenían una economía predominantemente pastoril, y se alimentaban de carne vacuna tras sacrificar las reses a los dioses. Si bien las raciones de carne eran mayores para los miembros de las castas superiores, el reparto era relativamente equitativo. Cualquier ocasión -una boda, un funeral, una visita diplomática, una victoria militar- era propicia para realizar sacrificios seguidos por banquetes pantagruélicos de carne vacuna.
Alrededor del siglo VII a. C., la población creció enormemente, y la alimentación pasó a depender de la agricultura y de la explotación lechera del ganado. No obstante, los brahmanes y chatrias continuaron con sus sacrificios-banquetes de carne bovina, lo cual en el nuevo contexto no solamente era una demostración casi obscena de la gran diferenciación socioeconómica que existía entre las distintas castas, sino que además causaba bastantes perjuicios a los miembros de las castas más bajas, que dependían de las vacas para la obtención de leche y de los toros para el arado, y que debían cederlos en muchas ocasiones para el consumo de los brahmanes y los chatrias.
En esa situación cargada de tensiones, surgió el budismo. Esta nueva religión, la primera contraria a la matanza de animales. Las enseñanzas de Buda señalaban como pecaminoso el sacrificio ritual de animales, y esta condena fue la clave de su popularidad entre las clases bajas. Abrazar el budismo era, en ese marco, desafiar a los brahmanes y chatrias. Varias religiones similares surgieron al mismo tiempo, la principal de las cuales fue el jainismo, que sobrevivió hasta la actualidad.
Las castas superiores, conscientes del peligro que representaba la nueva situación, decidieron no reprimir al budismo sino llevar su defensa de las vacas un paso más allá; así, el hinduismo pasó a prohibir terminantemente, empleando los argumentos teológicos arriba enumerados, el consumo de carne bovina (el budismo solamente prohibía sacrificar vacas a los dioses o comer carne de vacas sacrificadas, pero no el consumo de su carne en general). Así, los brahmanes y chatrias cedieron el privilegio de comer carne vacuna para conservar su posición de preeminencia social, política y económica.

Esta escena de la película María Antonieta, de Sofía Coppola, muestra a la polémica reina francesa divirtiendose con sus amigas, mientras suena una versión remixada de I want candy, de Bow Wow Wow. Al principio de la secuencia puede verse un objeto que no pertenece a ese tiempo y lugar. ¿Será un error de la producción o algo intencional?

Dos canciones con dedicatoria

Lunes, Octubre 29, 2007

Con ya casi el 60% de las mesas escrutadas podemos decir sin temor a equivocarnos que Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner y Julio César Cleto Cobos son la presidenta y el vicepresidente electos de la República Argentina. Quiero dedicarles la primera canción -God save the Queen, de Sex Pistols- a ellos, y la segunda canción -You can’t always get what you want, de los Stones- a los candidatos derrotados en estos comicios (especialmente al falso ingeniero Juan Blumberg, que fue lapidado en la provincia de Buenos Aires, quedando ¡noveno!).


God save the Queen
The fascist regime
They made you a moron
Potential H-bomb

God save the Queen
She ain’t no human being
There is no future
In England’s dreaming

Don’t be told what you want
Don’t be told what you need
There’s no future, no future,
No future for you

God save the Queen
We mean it man
We love our Queen
God saves

God save the Queen
‘Cause tourists are money
And our figurehead
Is not what she seems

Oh God save history
God save your mad parade
Oh Lord God have mercy
All crimes are paid

When there’s no future
How can there be sin
We’re the flowers in the dustbin
We’re the poison in your human machine
We’re the future, your future

God save the Queen
We mean it man
We love our Queen
God saves

God save the Queen
We mean it man
And there is no future
In England’s dreaming

No future, no future,
No future for you
No future, no future,
No future for me

No future, no future,
No future for you
No future, no future
For you

I saw her today at a reception
A glass of wine in her hand
I knew she would meet her connection
At her feet was her footloose man

No, you can’t always get what you want
You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
And if you try sometime you find
You get what you need

I saw her today at the reception
A glass of wine in her hand
I knew she was gonna meet her connection
At her feet was her footloose man

You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
But if you try sometimes you might find
You get what you need

Oh yeah, hey hey hey, oh…

And I went down to the demonstration
To get my fair share of abuse
Singing, “We’re gonna vent our frustration
If we don’t we’re gonna blow a 50-amp fuse”
Sing it to me now…

You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
But if you try sometimes well you just might find
You get what you need
Oh baby, yeah, yeah!

I went down to the Chelsea drugstore
To get your prescription filled
I was standing in line with Mr. Jimmy
And man, did he look pretty ill
We decided that we would have a soda
My favorite flavor, cherry red
I sung my song to Mr. Jimmy
Yeah, and he said one word to me, and that was “dead”
I said to him

You can’t always get what you want, no!
You can’t always get what you want (tell ya baby)
You can’t always get what you want (no)
But if you try sometimes you just might find
You get what you need
Oh yes! Woo!

You get what you need–yeah, oh baby!
Oh yeah!

I saw her today at the reception
In her glass was a bleeding man
She was practiced at the art of deception
Well I could tell by her blood-stained hands

You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
But if you try sometimes you just might find
You just might find
You get what you need

You can’t always get what you want (no, no baby)
You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
But if you try sometimes you just might find
You just might find
You get what you need, ah yes…

Perlitas de la blogósfera (V)

Domingo, Octubre 28, 2007

Hoy voy a votar por primera vez en unos comicios presidenciales -mi debut fue en las legislativas del 2005-, comicios que quizá sean los más aburridos de nuestra historia (aunque por otro lado cabe preguntarse si eso es tan malo; ha habido campañas electorales electrizantes de las que surgieron gobiernos de pesadilla). Voy a votar… por ella. Si voy a equivocarme, prefiero equivocarme a lo grande en vez de con algún candidato oscuro al que voto sabiendo que no va a ganar y que por ende no me arriesgo a nada.
Les deseo a todos buena suerte en este domingo tan especial. Gane quién gane, espero que esta elección signifique un paso más en pos de la consolidación de esta democracia que es tan solo dos años, tres meses y siete días mayor que yo.
Sin más preámbulos, las mejores entradas de esta semana en la blogósfera:
Gracias al blog Entretanto, me topé con este esclarecedor texto de “orientación” para los católicos en las elecciones de mañana. Como esta pieza es tan, pero tan persuasiva, decidí desafiar la veda electoral y postearla. Se la puede leer en su contexto original acá.

Orientación doctrina para la elección
ELECCIONES PRESIDENCIALES 2007

La Escuela de Dirigentes “Santo Tomas Moro” procura por éste medio compartir su opinión sobre las próximas elecciones presidenciales. Hemos analizado:

1. Los principios, criterios de juicio y directrices para la acción, que contiene la Doctrina Social de la Iglesia, sintetizados en cuatro documentos, a saber:
Carta Apostólica,
Octogesima adveniens”, Pablo VI, 1971.
Exhortación Apostólica
Christifideles Laici”, Juan Pablo II, 1988.
“Nota Doctrinal sobre algunos cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política”; Congregación para la Doctrina de la Fe, 2002.
“Exhortación pastoral sobre el compromiso ciudadano y las próximas elecciones”; Conferencia Episcopal Argentina, 28-4-2007.

2. En el documento pontificio “Sacramentun Caritatis” (22-2-07), Benedicto XVI señala la grave responsabilidad de los cristianos cuando deben decidir sobre cuatro valores que no son negociables:

  • Defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural;
  • La familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer;
  • La libertad de educación de los hijos;
  • La promoción del bien común en todas sus formas.
3. A la luz de la Doctrina, hemos revisado las propuestas electorales de las 13 fórmulas que se postulan en ésta oportunidad. Se ha prestado particular interés a los antecedentes de los candidatos y de las respectivas fuerzas políticas que los postulan.

4. La conclusión a que pretendemos arribar es, únicamente, determinar de qué opciones electorales dispone un católico, que sean compatibles con la doctrina de la fe que profesa. No pretendemos evaluar la calidad técnica de los programas, ni la factibilidad de concretar las promesas electorales. Tampoco nos preocupa la cantidad de votos que pueda obtener cada fórmula.

5. Evaluando, con la mayor objetividad posible, todos los aspectos mencionados, efectuamos la siguiente conclusión esquemática:

A) Una fórmula carece de la mínima seriedad para ser considerada, tanto por los antecedentes de los candidatos a Presidente y a Vice, como por la fuerza política que los postulan:
Raúl Castells – “Nina” Pelozo: Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados

Orientación ideológica: marxista.

B) Fuerzas políticas que se basan explícitamente en la ideología marxista -en sus distintos matices- , condenada por la Iglesia:
José Montes – Héctor Heberling: Frente de Izquierda y los Trabajadores por el Socialismo (PTS, MAS, Izquierda Socialista)
Néstor Pitrola – Gabriela Arroyo: Partido Obrero (que publica la revista “En defensa del Marxismo”)
Vilma Ripoll – Héctor Bidonde: Movimiento Socialista de los Trabajadores
Fermando Solanas – Ángel Cadelli: Partido Socialista Auténtico

C) Luis Ammann – Rogelio Deleonardi: FRAL, Frente Amplio hacia la Unidad Latinoamericana (Partido Humanista y Partido Comunista) El Partido Humanista es la expresión política de la Comunidad, movimiento esotérico, creado por “Silo”, con una posición antagónica al cristianismo.


D) Ricardo López Murphy – Esteban Bullrich: Recrear.
Orientación ideológica: liberal.
Su posición ideológica quedó manifestada en su breve experiencia como ministro de Economía, cuando, para mejorar la situación presupuestaria, dispuso reducir los sueldos y jubilaciones. En su programa no se encuentran definiciones sobre los temas de bioética no negociables, y el candidato ha eludido pronunciarse sobre ellos en público. En la única declaración sobre la cuestión, que hemos encontrado, sostiene que “sería simplista creer que el aborto es la solución, más bien hay que lograr que ninguna mujer esté en esa situación tan extrema y dramática” (Infobae, 10-10-05). Sin embargo, legisladores de su partido han apoyado las leyes de Salud Reproductiva y de Uniones Civiles.

E) Elisa Carrió – Rubén Giustiniani: Coalición Cívica.
Orientación ideológica: socialdemócrata
Se ha manifestado a favor de legalizar las uniones de homosexuales. Su candidato a vicepresidente (Presidente del P. Socialista) y los principales legisladores de su partido (ARI) han votado las leyes de: esterilización quirúrgica, educación, educación sexual, CEDAW, etc.

F) Jorge Sobisch – Jorge Asís: Movimiento de las Provincias Unidas
Orientación ideológica: justicialista.
Con buenos antecedentes como Intendente y Gobernador en Neuquén. En la Convención Constituyente de 2006 -presidida por Sobisch- que reformó la Constitución de Neuquén, se incluyeron en el texto los derechos sexuales y reproductivos. Sin embargo, en la Declaración de Principios de su proyecto político, se afirma que “reafirmamos y expresamos nuestra convicción y fe cristiana en el derecho de cada persona a la vida, ya desde su concepción. Honrar la vida, proclamar el derecho del embrión a ser persona, defender el derecho a nacer, crecer y desarrollarse…”.

G) Alberto Rodríguez Saá – Héctor Maya: Frente Justicia, Unión y Libertad
Orientación ideológica: justicialista
Este candidato acaba de ganar la reelección como Gobernador de San Luis; debiendo recordarse que su hermano Adolfo gobernó durante 20 años la provincia, siendo innegable que la misma mejoró sustancialmente. El actual Gobernador, se ha declarado públicamente ateo, en varias oportunidades, habiendo afirmado, por ejemplo, “la Biblia es un cuento de ciencia ficción”. Su posición, teñida de esoterismo (Noticias, 15-9-07), lo enfrentó con la Iglesia. Despojó a congregaciones religiosas de la administración de los Institutos: Colonia Hogar, Materno Infantil y Hogar de Ancianos

H) Roberto Lavagna – Gerardo Morales: Concertación UNA (incluye a la Unión Cívica Radical)
Orientación ideológica: justicialista.
En su programa, no se encuentran definiciones sobre los cuatro temas no negociables. Tampoco puede deducirse la posición de su trayectoria en la función pública, puesto que colaboró en los gobiernos de Perón, Alfonsín, De la Rúa, Duhalde y Kirchner. En un reportaje en La Nación (15-4-07) se manifestó de acuerdo en despenalizar el aborto con algunos límites. Lanzó su candidatura en Tilcara, Jujuy, en una ceremonia de homenaje a la Pachamama (La Nación, 22-7-07).

I) Cristina Fernández de Kirchner – Julio César Cobos: Frente para la Victoria.
Orientación ideológica: socialdemócrata
Como Senadora, votó a favor las leyes de: esterilización quirúrgica, educación, educación sexual. Pertenece al equipo político que encabeza su esposo, el actual Presidente, cuya manifestación cultural más clara está contenida en el Decreto Nº 1086/05: Plan Nacional contra la Discriminación, que incluye propuestas concretas que se procura convertir en normas jurídicas:

  • Legalización de la prostitución (Nº 53).
  • Reconocimiento de asociaciones de meretrices (Nº 52) y de homosexuales (Nº 20).
  • Autorización de intervenciones quirúrgicas de cambio de sexo (Nº 21).
  • Eliminación de símbolos religiosos en ámbitos públicos (Nº 74).
  • Despenalización del aborto procurado (Nº 234, 236, 237 y 238).
  • Otorgamiento de derechos similares a los matrimoniales, para parejas del mismo sexo (Nº 19).
J) Gustavo Breide Obeid – Héctor Vergara: Partido Popular de la Reconstrucción.
Orientación ideológica: nacionalista.
Ex militar, licenciado en Ciencia Política y docente universitario. En la Declaración de Principios de su partido se afirma: “Que la dimensión trascendente del hombre debe ser preservada tanto del acoso de los ideologismos, como del materialismo y de las pautas culturales extrañas”.

6. Las opciones electorales “Sobisch” y “Breide Obeid”, son las únicas en las que no encontramos elementos que resulten contradictorios con los principios doctrinarios, y que, por lo tanto, podrían ser apoyadas en la primera vuelta.

7. Como se elegirán también diputados nacionales, y, en algunos distritos, senadores nacionales, consideramos que no sería coherente votar para estos cargos a candidatos de los partidos/alianzas indicados en A-B-C. Con respecto a los demás partidos/alianzas (D a J), si se postulan algunos dirigentes que resulten confiables, aunque los respectivos candidatos a presidente no lo sean, pueden ser apoyados para dichos cargos legislativos.

8. En el caso de existir una segunda vuelta, y presuponiendo que una de las más votadas será la Sra. Kirchner, sería lícito apoyar la opción “Lavagna”, por aplicación del principio del mal menor.


Córdoba, Setiembre 26 de 2007.-
Mario Meneghini
escuelatmoro@gmail.com

We’ll meet again…

Martes, Octubre 23, 2007

Debido a una avalancha de parciales que mis profesores me propinaron muy gentilmente, no voy a poder postear en Terra Incognita II tan seguido como siempre durante lo que resta de octubre ni durante buena parte de noviembre (no así en Albus y Harry, donde no es tan difícil postear un fanfic por semana). De modo que los dejo con escenas del final de Doctor Strangelove, de Stanley Kubrick.

De barro estamos hechos

Lunes, Octubre 22, 2007

En los últimos días he estado muy ocupado con un trabajo práctico para la materia conocida oficialmente como Espacio Temporal de Argentina y América, e informalmente como Geografía Americana. Para ese trabajo he tenido que investigar las catástrofes naturales más destacadas acontecidas en el continente, lo cual me ha traído a la mente este relato del libro Cuentos de Eva Luna, de Isabel Allende. Espero que les guste.

Descubrieron la cabeza de la niña asomada en el lodazal, con los ojos abiertos, llamando sin voz. Tenía un nombre de Primera Comunión, Azucena. En aquel interminable cementerio, donde el olor de los muertos atraía a los buitres más remotos y donde los llantos de los huérfanos y los lamentos de los heridos llenaban el aire, esa muchacha obstinada en vivir se convirtió en el símbolo de la tragedia. Tanto transmitieron las cámaras la visión insoportable de su cabeza brotando del barro, como una negra calabaza, que nadie se quedó sin conocerla ni nombrarla. Y siempre que la vimos aparecer en la pantalla, atrás estaba Rolf Carlé, quien llegó al lugar atraído por la noticia, sin sospechar que allí encontraría un trozo de su pasado, perdido treinta años atrás.
Primero fue un sollozo subterráneo que remeció los campos de algodón, encrespándolos como una espumosa ola. Los geólogos habían instalado sus máquinas de medir con semanas de anticipación y ya sabían que la montaña había despertado otra vez. Desde hacía mucho pronosticaban que el calor de la erupción podía desprender los hielos eternos de las laderas del volcán, pero nadie hizo caso de esas advertencias, porque sonaban a cuento de viejas. Los pueblos del valle continuaron su existencia sordos a los quejidos de la tierra, hasta la noche de ese miércoles de noviembre aciago, cuando un largo rugido anunció el fin del mundo y las paredes de nieve se desprendieron, rodando en un alud de barro, piedras y agua que cayó sobre las aldeas, sepultándolas bajo metros insondables del vómito telúrico. Apenas lograron sacudirse la parálisis del primer espanto, los sobrevivientes comprobaron que las casas, las plazas, las iglesias, las blancas plantaciones de algodón, los sombríos bosques del café y los potreros de los toros sementales habían desaparecido. Mucho después, cuando llegaron los voluntarios y los soldados a rescatar a los vivos y sacar la cuenta de la magnitud del cataclismo, calcularon que bajo el lodo había más de veinte mil seres humanos y un número impreciso de bestias, pudriéndose en un caldo viscoso. También habían sido derrotados los bosques y los ríos y no quedaba a la vista sino un inmenso desierto de barro.
Cuando llamaron del Canal en la madrugada, Rolf Carlé y yo estábamos juntos. Salí de la cama aturdida de sueño y partí a preparar café mientras él se vestía deprisa. Colocó sus elementos de trabajo en la bolsa de lona verde que siempre llevaba, y nos despedimos como tantas otras veces. No tuve ningún presentimiento. Me quedé en la cocina sorbiendo mi café y planeando las horas sin él, segura de que al día siguiente estaría de regreso.
Fue de los primeros en llegar, porque mientras otros periodistas se acercaban a los bordes del pantano en jeeps, en bicicletas, a pie, abriéndose camino cada uno como mejor pudo, él contaba con el helicóptero de la televisión y pudo volar por encima del alud. En las pantallas aparecieron las escenas captadas por la cámara de su asistente, donde él se veía sumergido hasta las rodillas, con un micrófono en la mano, en medio de un alboroto de niños perdidos, de mutilados, de cadáveres y de ruinas. El relato nos llegó con su voz tranquila. Durante años lo había visto en los noticiarios, escarbando en batallas y catástrofes, sin que nada le detuviera, con una perseverancia temeraria, y siempre me asombró su actitud de calma ante el peligro y el sufrimiento, como si nada lograra sacudir su fortaleza ni desviar su curiosidad. El miedo parecía no rozarlo, pero él me había confesado que no era hombre valiente, ni mucho menos. Creo que el lente de la máquina tenía un efecto extraño en él, como si lo transportara a otro tiempo, desde el cual podía ver los acontecimientos sin participar realmente en ellos. Al conocerlo más comprendí que esa distancia ficticia lo mantenía a salvo de sus propias emociones.
Rolf Carlé estuvo desde el principio junto a Azucena. Filmó a los voluntarios que la descubrieron y a los primeros que intentaron aproximarse a ella, su cámara enfocaba con insistencia a la niña, su cara morena, sus grandes ojos desolados, la maraña compacta de su pelo. En ese lugar el fango era denso y había peligro de hundirse al pisar. Le lanzaron una cuerda, que ella no hizo empeño en agarrar, hasta que le gritaron que la cogiera, entonces sacó una mano y trató de moverse, pero en seguida se sumergió más. Rolf soltó su bolsa y el resto de su equipo y avanzó en el pantano, comentando para el micrófono de su ayudante que hacía frío y que ya comenzaba la pestilencia de los cadáveres.
-¿Cómo te llamas? -le preguntó a la muchacha y ella le respondió con su nombre de flor- No te muevas, Azucena -le ordenó Rolf Carlé y siguió hablándole sin pensar qué decía, sólo para distraerla, mientras se arrastraba lentamente con el barro hasta la cintura. El aire a su alrededor parecía tan turbio como el lodo.
Por ese lado no era posible acercarse, así es que retrocedió y fue a dar un rodeo por donde el terreno parecía más firme. Cuando al fin estuvo cerca tomó la cuerda y se la amarró bajo los brazos, para que pudieran izarla. Le sonrió con esa sonrisa suya que le achica los ojos y lo devuelve a la infancia, le dijo que todo iba bien, ya estaba con ella, en seguida la sacarían. Les hizo señas a los otros para que halaran, pero apenas se tensó la cuerda la muchacha gritó. Lo intentaron de nuevo y aparecieron sus hombros y sus brazos, pero no pudieron moverla más, estaba atascada. Alguien sugirió que tal vez tenía las piernas comprimidas entre las ruinas de su casa, y ella dijo que no eran sólo escombros, también la sujetaban los cuerpos de sus hermanos, aferrados a ella.
-No te preocupes, vamos a sacarte de aquí -le prometió Rolf. A pesar de las fallas de transmisión, noté que la voz se le quebraba y me sentí tanto más cerca de él por eso. Ella lo miró sin responder.
En las primeras horas Rolf Carlé agotó todos los recursos de su ingenio para rescatarla. Luchó con palos y cuerdas, pero cada tirón era un suplicio intolerable para la prisionera. Se le ocurrió hacer una palanca con unos palos, pero eso no dio resultado y tuvo que abandonar también esa idea. Consiguió un par de soldados que trabajaron con él durante un rato, pero después lo dejaron solo, porque muchas otras víctimas reclamaban ayuda. La muchacha no podía moverse y apenas lograba respirar, pero no parecía desesperada, como si una resignación ancestral le permitiera leer su destino. El periodista, en cambio, estaba decidido a arrebatársela a la muerte. Le llevaron un neumático, que colocó bajo los brazos de ella como un salvavidas, y luego atravesó una tabla cerca del hoyo para apoyarse y así alcanzarla mejor. Como era imposible remover los escombros a ciegas, se sumergió un par de vece para explorar ese infierno, pero salió exasperado, cubierto de lodo, escupiendo piedras. Dedujo que se necesitaba una bomba para extraer el agua y envió a solicitarla por radio, pero volvieron con el mensaje de que no había transporte y no podían enviarla hasta la mañana siguiente.
-¡No podemos esperar tanto! -reclamó Rolf Carlé, pero en aquel zafarrancho nadie se detuvo a compadecerlo. Habrían de pasar todavía muchas horas más antes de que él aceptara que el tiempo se había estancado y que la realidad había sufrido una distorsión irremediable.
Un médico militar se acercó a examinar a los niños y afirmó que su corazón funcionaba bien y que si no se enfriaba demasiado podría resistir esa noche.
-Ten paciencia, Azucena, mañana traerán la bomba -trató de consolarla Rolf Carlé.
-No me dejes sola -le pidió ella.

-No, claro que no.
Les llevaron café y él se lo dio a la muchacha, sorbo a sorbo. El líquido caliente la animó y empezó a hablar de su pequeña vida, de su familia y de la escuela, de cómo era ese pedazo de mundo antes de que reventara el volcán. Tenía trece años y nunca había salido de los límites de su aldea. El periodista, sostenido por un optimismo prematuro, se convenció de que todo terminaría bien, llegaría la bomba, extraerían el agua, quitarían los escombros y Azucena sería trasladada en helicóptero a un hospital, donde se repondría con rapidez y donde él podría visitarla llevándole regalos. Pensó que ya no tenía edad para muñecas y no supo qué le gustaría, tal vez un vestido. No entiendo mucho de mujeres, concluyó divertido, calculando que había tenido muchas en su vida, pero ninguna le había enseñado esos detalles. Para engañar las horas comenzó a contarle sus viajes y sus aventuras de cazador de noticias, y cuando se le agotaron los recuerdos echó mano de la imaginación para inventar cualquier cosa que pudiera distraerla. En algunos momentos ella dormitaba, pero él seguía hablándole en la oscuridad, para demostrarle que no se había ido y para vencer el acoso de la incertidumbre.
Ésa fue una larga noche.
A muchas millas de allí, yo observaba en una pantalla a Rolf Carlé y a la muchacha. No resistí la espera en la casa y me fui a la Televisión Nacional, donde muchas veces pasé noches enteras con él editando programas. Así estuve cerca suyo y pude asomarme a lo que vivió en esos tres días definitivos. Acudí a cuanta gente importante existe en la ciudad, a los senadores de la República, a los generales de las Fuerzas Armadas, al embajador norteamericano y al presidente de la Compañía de Petróleos, rogándoles por una bomba para extraer el barro, pero sólo obtuve vagas promesas. Empecé a pedirla con urgencia por radio y televisión, a ver si alguien podía ayudarnos. Entre llamadas corría al centro de recepción para no perder las imágenes del satélite, que llegaban a cada rato con nuevos detalles de la catástrofe. Mientras los periodistas seleccionaban las escenas de más impacto para el noticiario, yo buscaba aquellas donde aparecía el pozo de Azucena. La pantalla reducía el desastre a un solo plano y acentuaba la tremenda distancia que me separaba de Rolf Carlé, sin embargo yo estaba con él, cada padecimiento de la niña me dolía como a él, sentía su misma frustración, su misma impotencia. Ante la imposibilidad de comunicarme con él, se me ocurrió el recurso fantástico de concentrarme para alcanzarlo con la fuerza del pensamiento y así darle ánimo. Por momentos me aturdía en una frenética e inútil actividad, a ratos me agobiaba la lástima y me echaba a llorar, y otras veces me vencía el cansancio y creía estar mirando por un telescopio la luz de una estrella muerta hace un millón de años.
En el primer noticiario de la mañana vi aquel infierno, donde flotaban cadáveres de hombres y animales arrastrados por las aguas de nuevos ríos, formados en una sola noche por la nieve derretida. Del lodo sobresalían las copas de algunos árboles y el campanario de una iglesia, donde varias personas habían encontrado refugio y esperaban con paciencia a los equipos de rescate. Centenares de soldados y de voluntarios de la Defensa Civil intentaban remover escombros en busca de los sobrevivientes, mientras largas filas de espectros en harapos esperaban su turno para un tazón de caldo. Las cadenas de radio informaron que sus teléfonos estaban congestionados por las llamadas de familias que ofrecían albergue a los niños huérfanos. Escaseaban el agua para beber, la gasolina y los alimentos. Los médicos, resignados a amputar miembros sin anestesia, reclamaban al menos sueros, analgésicos y antibióticos, pero la mayor parte de los caminos estaban interrumpidos y además la burocracia retardaba todo. Entretanto, el barro contaminado por los cadáveres en descomposición amenazaba de peste a los vivos.
Azucena temblaba apoyada en el neumático que la sostenía sobre la superficie. La inmovilidad y la tensión la habían debilitado mucho, pero se mantenía consciente y todavía hablaba con voz perceptible cuando le acercaban un micrófono. Su tono era humilde, como si estuviera pidiendo perdón por causar tantas molestias. Rolf Carlé tenía la barba crecida y sombras oscuras bajo los ojos, se veía agotado. Aun a esa enorme distancia pude percibir la calidad de ese cansancio, diferente a todas las fatigas anteriores de su vida. Había olvidado por completo la cámara, ya no podía mirar a la niña a través de un lente. Las imágenes que nos llegaban no eran de su asistente, sino de otros periodistas que se habían adueñado de Azucena, atribuyéndole la patética responsabilidad de encarnar el horror de lo ocurrido en ese lugar. Desde el amanecer Rolf se esforzó de nuevo por mover los obstáculos que retenían a la muchacha en esa tumba, pero disponía sólo de sus manos, no se atrevía a utilizar una herramienta, porque podía herirla. Le dio a Azucena la taza de papilla de maíz y plátano que distribuía el Ejército, pero ella la vomitó de inmediato. Acudió un médico y comprobó que estaba afiebrada, pero dijo que no se podía hacer mucho, los antibióticos estaban reservados para los casos de gangrena. También se acercó un sacerdote a bendecirla y colgarle al cuello una medalla de la Virgen. En la tarde empezó a caer una llovizna suave, persistente.
-El cielo está llorando -murmuró Azucena y se puso a llorar también.
-No te asustes -le suplicó Rolf-. Tienes que reservar tus fuerzas y mantenerte tranquila, todo saldrá bien, yo estoy contigo y te voy a sacar de aquí de alguna manera.
Volvieron los periodistas para fotografiarla y preguntarle las mismas cosas que ella ya no intentaba responder. Entretanto llegaban más equipos de televisión y cine, rollos de cables, cintas, películas, vídeos, lentes de precisión, grabadoras, consolas de sonido, luces, pantallas de reflejo, baterías y motores, cajas con repuestos, electricistas, técnicos de sonido y camarógrafos, que enviaron el rostro de Azucena a millones de pantallas de todo el mundo. Y Rolf Carlé continuaba clamando por una bomba. El despliegue de recursos dio resultados y en la Televisión Nacional empezamos a recibir imágenes más claras y sonidos más nítidos, la distancia pareció acortarse de súbito y tuve la sensación atroz de que Azucena y Rolf se encontraban a mi lado, separados de mí por un vidrio irreductible. Pude seguir los acontecimientos hora a hora, supe cuánto hizo mi amigo por arrancar a la niña de su prisión y para ayudarla a soportar su calvario, escuché fragmentos de lo que hablaron y el resto pude adivinarlo, estuve presente cuando ella le enseñó a Rolf a rezar y cuando él la distrajo con los cuentos que yo le he contado en mil y una noches bajo el mosquitero blanco de nuestra cama.
Al caer la oscuridad del segundo día él procuró hacerla dormir con las viejas canciones de Austria aprendidas de su madre, pero ella estaba más allá del sueño. Pasaron gran parte de la noche hablando, los dos extenuados, hambrientos, sacudidos por el frío. Y entonces, poco a poco, se derribaron las firmes compuertas que retuvieron el pasado de Rolf Carlé durante muchos años, y el torrente de cuanto había ocultado en las capas más profundas y secretas de la memoria salió por fin, arrastrando a su paso los obstáculos que por tanto tiempo habían bloqueado su conciencia. No todo pudo decírselo a Azucena, ella tal vez no sabía que había mundo más allá del mar ni tiempo anterior al suyo, era incapaz de imaginar Europa en la época de la guerra, así es que no le contó de la derrota, ni de la tarde en que los rusos lo llevaron al campo de concentración para enterrar a los prisioneros muertos de hambre. ¿Para qué explicarle que los cuerpos desnudos, apilados como una montaña de leños, parecían de loza quebradiza? ¿Cómo hablarle de los hornos y las horcas a esa niña moribunda? Tampoco mencionó la noche en que vio a su madre desnuda, calzada con zapatos rojos de tacones de estilete, llorando de humillación. Muchas cosas se calló, pero en esas horas revivió por primera vez todo aquello que su mente había intentado borrar. Azucena le hizo entrega de su miedo y así, sin quererlo, obligó a Rolf a encontrarse con el suyo. Allí, junto a ese pozo maldito, a Rolf le fue imposible seguir huyendo de sí mismo y el terror visceral que marcó su infancia lo asaltó por sorpresa. Retrocedió a la edad de Azucena y más atrás, y se encontró como ella atrapado en un pozo sin salida, enterrado en vida, la cabeza a ras de suelo, vio juntos a su cara las botas y las piernas de su padre, quien se había quitado la correa de la cintura y la agitaba en el aire con un silbido inolvidable de víbora furiosa. El dolor lo invadió, intacto y preciso, como siempre estuvo agazapado en su mente. Volvió al armario donde su padre lo ponía bajo llave para castigarlo por faltas imaginarias y allí estuvo horas eternas con los ojos cerrados para no ver la oscuridad, los oídos tapados con las manos para no oír los latidos de su propio corazón, temblando, encogido como un animal. En la neblina de los recuerdos encontró a su hermana Katharina, una dulce criatura retardada que pasó la existencia escondida con la esperanza de que el padre olvidara la desgracia de su nacimiento. Se arrastró junto a ella bajo la mesa del comedor y allí ocultos tras un largo mantel blanco, los dos niños permanecieron abrazados, atentos a los pasos y a las voces. El olor de Katharina le llegó mezclado con el de su propio sudor, con los aromas de la cocina, ajo, sopa, pan recién horneado y con un hedor extraño de barro podrido. La mano de su hermana en la suya, su jadeo asustado, el roce de su cabello salvaje en las mejillas, la expresión cándida de su mirada. Katharina, Katharina… surgió ante él flotando como una bandera, envuelta en el mantel blanco convertido en mortaja, y pudo por fin llorar su muerte y la culpa de haberla abandonado. Comprendió entonces que sus hazañas de periodista, aquellas que tantos reconocimientos y tanta fama le había dado, eran sólo un intento de mantener bajo control su miedo más antiguo, mediante la treta de refugiarse detrás de un lente a ver si así la realidad le resultaba más tolerable. Enfrentaba riesgos desmesurados como ejercicio de coraje, entrenándose de día para vencer los monstruos que lo’ atormentaban de noche. Pero había llegado el instante de la verdad y ya no pudo seguir escapando de su pasado. Él era Azucena, estaba enterrado en el barro, su terror no era la emoción remota de una infancia casi olvidada, era una garra en la garganta. En el sofoco del llanto se le apareció su madre, vestida de gris y con su cartera de piel de cocodrilo apretada contra el regazo, tal como la viera por última vez en el muelle, cuando fue a despedirlo al barco en el cual él se embarcó para América. No venía a secarle las lágrimas, sino a decirle que cogiera una pala, porque la guerra había terminado y ahora debían enterrar a los muertos.
-No llores. Ya no me duele nada, estoy bien -le dijo Azucena al amanecer.
-No lloro por ti, lloro por mí, que me duele todo -sonrió Rolf Carlé.
En el valle del cataclismo comenzó el tercer día con una luz pálida entre nubarrones. El Presidente de la República se trasladó a la zona y apareció en traje de campaña para confirmar que era la peor desgracia de este siglo, el país estaba de duelo, las naciones hermanas habían ofrecido ayuda, se ordenaba estado de sitio, las Fuerzas Armadas serían inclementes, fusilarían sin trámites a quien fuera sorprendido robando o cometiendo otras fechorías. Agregó que era imposible sacar todos los cadáveres ni dar cuenta de los millares de desaparecidos, de modo que el valle completo se declaraba camposanto y los obispos vendrían a celebrar una misa solemne por las almas de las víctimas. Se dirigió a las carpas del Ejército, donde se amontonaban los rescatados, para entregarles el alivio de promesas inciertas, y al improvisado hospital, para dar una palabra de aliento a los médicos y enfermeras, agotados por tantas horas de penurias. Enseguida se hizo conducir al lugar donde estaba Azucena, quien para entonces ya era célebre, porque su imagen había dado la vuelta al planeta. La saludó con su lánguida mano de estadista y los micrófonos registraron su voz conmovida y su acento paternal, cuando le dijo que su valor era un ejemplo para la patria. Rolf Carlé lo interrumpió para pedirle una bomba y él le aseguró que se ocuparía del asunto en persona. Alcancé a ver a Rolf por unos instantes, en cuclillas junto al pozo. En el noticiario de la tarde se encontraba en la misma postura: y yo, asomada a la pantalla como una adivina ante su bola de cristal, percibí que algo fundamental había cambiado en él, adiviné que durante la noche se habían desmoronado sus defensas y se había entregado al dolor, por fin vulnerable. Esa niña tocó una parte de su alma a la cual él mismo no había tenido acceso y que jamás compartió conmigo. Rolf quiso consolarla y fue Azucena quien le dio consuelo a él.
Me di cuenta del momento preciso en que Rolf dejó de luchar y se abandonó al tormento de vigilar la agonía de la muchacha. Yo estuve con ellos, tres días y dos noches, espiándolos al otro lado de la vida. Me encontraba allí cuando ella le dijo que en sus trece años nunca un muchacho la había querido y que era una lástima irse de este mundo sin conocer el amor, y él le aseguró que la amaba más de lo que jamás podría amar a nadie, más que a su madre y a su hermana, más que a todas las mujeres que habían dormido en sus brazos, más que a mí, su compañera, que daría cualquier cosa por estar atrapado en ese pozo en su lugar, que cambiaría su vida por la de ella, y vi cuando se inclinó sobre su pobre cabeza y la besó en la frente, agobiado por un sentimiento dulce y triste que no sabía nombrar. Sentí cómo en ese instante se salvaron ambos de la desesperanza, se desprendieron del lodo, se elevaron por encima de los buitres y de los helicópteros, volaron juntos sobre ese vasto pantano de podredumbre y lamentos. Y finalmente pudieron aceptar la muerte. Rolf Carlé rezó en silencio para que ella se muriera pronto, porque ya no era posible soportar tanto dolor.
Para entonces yo había conseguido una bomba y estaba en contacto con un general dispuesto a enviarla en la madrugada del día siguiente en un avión militar. Pero al anochecer de ese tercer día, bajo las implacables lámparas de cuarzo y los lentes de cien máquinas, Azucena se rindió, sus ojos perdidos en los de ese amigo que la había sostenido hasta el final. Rolf Carlé le quitó el salvavidas, le cerró los párpados, la retuvo apretada contra su pecho por unos minutos y después la soltó. Ella se hundió lentamente, una flor en el barro.
Estás de vuelta conmigo, pero ya no eres el mismo hombre. A menudo te acompaño al Canal y vemos de nuevo los videos de Azucena, los estudias con atención, buscando algo que pudiste haber hecho para salvarla y no se te ocurrió a tiempo.
O tal vez los examinas para verte como en un espejo, desnudo. Tus cámaras están abandonadas en un armario, no escribes ni cantas, te queda durante horas sentado ante la ventana mirando las montañas. A tu lado, yo espero que completes el viaje hacia el interior de ti mismo y te cures de las viejas heridas. Sé que cuando regreses de tus pesadillas caminaremos otra vez de la mano, como antes.

Perlitas de la blogósfera (IV)

Domingo, Octubre 21, 2007

La masacre de La Plata

Sábado, Octubre 20, 2007

El asesinato de los tres policías en la ciudad de La Plata no puede verse apenas como un hecho delictivo. Hay que ser o un tarado o un hipócrita para creer que esto es simplemente producto del fracaso de la política de seguridad de Kirchner, Solá y Arslanian. No se trató de una venganza personal ni de un robo que desembocó en un triple homicidio: los policías fueron ejecutados. El robo posterior de las armas y del vehículo policial fue intento de disimular el movil del asesinato, o bien de confundir a los investigadores y la opinión pública.
Es un error grosero por parte del kirchnerismo intentar atribuir a la oposición el crimen. También es un error por parte de la oposición atribuir el crimen a la incompetencia del oficalismo (o a un resurgimiento de la guerrilla de izquierda, como insinuó el candidato a presidente y a senador Ricardo López Murphy y afirmó más categóricamente Isidoro_Cañones en ElForro).
A menos que nuevas evidencias demuestren lo contrario, a mi entender lo que pasó fue obra de la “Maldita Policía”. No es imposible que los policías que fueron desplazados por Arslanian pero que aún conservan su influencia en el submundo del delito tengan interés en condicionar al eventual gobierno de Scioli. Tampoco es imposible que haya un componente político en el crimen; a los ojos de los “porongas” un gobierno de derecha sería más propenso a darles carta blanca para dedicarse a sus negocios libremente. Matar a tres policías a una semana de las elecciones no puede dejar de tener su impacto político, pues instala una sensación de descontrol y quizá le arrée votos al Pibe Valderrama o al falso ingeniero Blumberg. Por ahora los interrogantes superan en número a las certezas.
Junto con el número del juzgado, esta es, para mí, la mejor escena musical de la terrible y maravillosa Bailarina en la oscuridad, de Lars Von Trier. Creo que Senses & Nonsenses ya lo posteó en su blog, pero de todos modos el video me gusta tanto que voy a imitarlo.